- ¿Por qué decidió hacerse árbitro?
- Por amor propio. Era presidente del Grupo Empresa Renfe y como no sabía mucho, la mejor manera de aprender las reglas era obligándome a ser árbitro. Comencé en 1966 y todavía no lo he dejado. Bueno, estoy operado en la rodilla y llevo dos años parado, pero me dice Ramón a ver cuando puedo arbitrar. Voy a ver si puedo comenzar a andar bien y luego a correr.
- Y de sus años en la Federación de Baloncesto, ¿qué recuerda?
- Un día me llamaron para ser tesorero de la Federación. Cuando fui era tarde y en vez de ser tesorero me quedé en el comité de Competición. Luego a Apelación. Después se tuvo que jubilar Francisco Marchante y me ofrecieron el puesto. Lo acepté y ayudé en lo que pude, entre otras cosas en la construcción de la nueva sede. Un día Ramón me dice que tenía que hacer un plano para la construcción de la Federación. Plantee un edificio cuadrado. Luego, rectangular. Lo vimos, lo valoramos, se lo dimos a una empresa y ahí está. Tuvimos dificultades, pero ya está levantado. Es un orgullo para mí haber podido ayudar a construir estas instalaciones. Nadie esperaba que se pudieran hacer unas instalaciones así.
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